Bienvenidos a los que se identifican quizás con algo de lo que hay aquí, es sólo un intento por expresar y compartir parte de lo que soy, que es una incógnita que aún sigo descubriendo...

Monday, December 22, 2008


Cada vez que leo este artículo, mi autoestima se eleva y yo me siento orgullosa de ser como soy... los hombres por lo general las prefieren sumisas, mientras que otros en un intento bastante peculiar prefieren el carácter y el temple de una mujer hecha y derecha por complicado que suene... para todas aquellas que olvidan lo valioso que llevan dentro de su personalidad y que muchos por comodidad no toleran, ahí va un atractivo artículo para nosotras.


Elogio de la mujer brava

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Por: Héctor Abad

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!!!!

Wednesday, November 19, 2008

Ahora que tengo tanto tiempo pienso cada cosa… considerando que en un día ajetreado pienso, hoy más y más teniendo toda una tarde libre con un sol que no se agota jamás. Había olvidado lo sola que me sentía estos últimos años, los estudios en cierta forma mermaban ese vacío y aunque últimamente había disfrutado muchísimo más de la vida familiar y sobre todo de los sobrinos cuya luz me hace tan bien, el plano sentimental está casi intacto…

Hay días en que siento que mis emociones están a full como si jamás se hubieran estrenado con los pocos recuerdos que tengo, como única salida a esta alerta las canciones de siempre hacen lo suyo con ese romanticismo que sólo se da en el cine y nada se asemeja a la realidad.

Me he sentido tan poco querida en el pasado y aunque hay días en que mi autoestima atraviesa el suelo, todo lo que he hecho y lo que he sido no ha estado lejos del amor, por el contrario, como todos hay asuntos pendientes que quizás no se han resuelto, pero eso no sobrepasa mi esencia y la de todos, porque si venimos a este mundo es para amar y ser amados… suena lindo pero la realidad a veces se vuelve tan fría y sin matices que no dan ganas de nada.

Tanto tiempo ha pasado que ni siquiera hago el intento de agradar, menos resaltar mis virtudes, todo pasa a mi alrededor por una línea recta sin subir ni bajar, solamente perturban las cruces que uno ya carga de toda la vida y que sólo intensifican la soledad no habiendo ningún hombro donde echar las penas.

Qué se hace… olvidarse?


Me pregunto por qué

no te puedo encontrar

todo habla de ti,

pero tú no estás...

Wednesday, October 08, 2008



I N S U F R I B L E

Hoy es uno de esos días que empiezan atravesados , donde todo atornilla al revés… amanecí irritable y con menos paciencia que otros días, quizás nada, ni tampoco la gente ayuda a que uno mantenga la calma… todos demandan, nadie cede…ya no hablo sino ladro y esparramo a destajo palabras de fuerte calibre u ordenadas de tal manera que ironicen lo que quiero dar a entender y que me encanta hacerlo más aún cuando estoy molesta, ni siquiera quiero mirarme al espejo para no ver mi rostro de desagrado… ggrrr.

Una profe de taller que estimo mucho decía que ironizar es una habilidad y aunque yo debiera sentirme halagada, termino sintiéndome mal por tener un carácter poco dócil por no decir bravo y me da una lata también que algunos se lleven esta impresión de mujer ruda sin saber que esto no define lo que soy, pues lógicamente hay mucho más, que hay días buenos y gentileza también…

Muchas veces he pensado que es un problema no menor, pero ya
asumida intento que dure cada vez menos al ver la reacción del otro, si hasta siento que me duele más a mí. Hormonalmente hoy no es mi día, los pequeños errores de la gente se intensifican para mí y de mí sale lo peor… sería maravilloso ser como el “hombre del bicentenario” e ir cambiando lo que ya no sirve o bien tener un chip para cada ocasión.

En estas condiciones no deberían dejarme salir, ni tener contacto alguno para que nadie salga lastimado pues las palabras hieren más que una mordida, y quizás nadie comprenda, sólo aquellos que me conocen en profundidad, que no es por algo personal sino sólo irritabilidad temporal
por cosas que vienen de la casa aparte de la revolución hormonal... no tengo otra explicación.

Entretanto, atacada por la ansiedad voy al kioskito por chocolate y dulces sin discriminar en nada, como si el azúcar endulzara mis pesadeces… lo siento y de verdad que lo siento, pero hoy no soy compañía para nadie.

Monday, July 07, 2008

Orgullo y Prejuicio

He visto varias veces esta película y la vería otras mil veces más. Siendo ésta una de mis favoritas, sigo lamentando no haber ido al cine a verla en pantalla grande y con sonido envolvente, hubiese sido más estremecedora aún.

Desde el principio el melódico piano, la fotografía y los diálogos me inspiran a vivir todo lo que allí pasa, pues me siento muy identificada con los prejuicios de Elizabeth hacia Mr. Darcy quien superficialmente muestra orgullo, rudeza e indiferencia, pero en su corazón atesora nobles sentimientos.

Me encanta la escena en que Mr. Darcy entra bruscamente intentando retener su descontrol provocado por los sentimientos hacia Elizabeth a quien le hace comentarios de lo agradable de la casa de su prima sin atreverse a mencionar palabra alguna de la tormenta que llevaba en su interior. Otra escena que me encanta se da en plena lluvia donde él, como un
volcán en erupción, no puede más que revelar su sentir y donde luego en una discusión ambos intercambian todas sus aprehensiones a raíz de simples apreciaciones y opiniones de terceros.

La película completa y sin duda la escena final no son más que una ilusión poco probable en estos tiempos, pues pocos son los que dejan de lado el orgullo, los prejuicios y el qué dirán, haciendo honor y sometiéndose definitivamente a el sentimiento más sublime como lo es el amor.


Con el nudo en la garganta por la última escena, yo me entristezco antes de dormirme, preguntándome dónde estará y por qué insiste en hacerme esperar tanto…